Abrí el mapa del Iberá y mirá dónde están las lagunas con nombre: Iberá, Luna, Galarza, Trin, Medina. Todas del lado este. Del lado oeste, en cambio, el humedal se deshace en bañados y esteros sin bordes claros. Esa asimetría no es un capricho: el mapa del Iberá es un documento geológico, y saber leerlo cambia la forma de recorrer cada portal.
La versión corta es esta: el Iberá ocupa el valle que el río Paraná usó y abandonó. El borde este del sistema coincide con una falla geológica de unos 480 kilómetros (la falla Ituzaingó-La Paz) que dejó un bloque alto de ese lado, con un escalón de 4 a 7 metros que funciona como pared de contención. Al norte, unas lomadas de arena que depositó el propio Paraná separan el humedal del río actual. Y al sur, el río Corriente es la única canilla de salida de todo el sistema.
Una aclaración que evita el malentendido más común: el Iberá entero está sobre el bloque hundido, que es el occidental. El elevado es el oriental, y queda fuera del humedal (ahí arranca la cuenca del río Uruguay). Lo que pasa es que la depresión es asimétrica: se hunde más justo contra el escalón del este y se va haciendo suave hacia el oeste. Por eso el agua profunda, y con ella las lagunas grandes, se junta contra esa pared.
Con esa clave, cada portal se convierte en un capítulo distinto de la misma historia. Veamos qué estás mirando en cada uno.
Borde este: los portales de las grandes lagunas
Portal Laguna Iberá (Carlos Pellegrini). El portal más visitado está, no por casualidad, sobre la laguna más famosa. Acá estás parado en el borde tectónico del sistema: la laguna Iberá es una de las que se apoyan contra el escalón del este. Es también la zona de agua abierta por excelencia: las lagunas de este borde rondan los 2 a 3 metros de profundidad, con playitas de arena clara que no es marina sino fluvial, arena del viejo río retrabajada por el agua y el viento.
No esperes ver el escalón: cinco metros de desnivel repartidos en un humedal de este tamaño son invisibles desde la lancha, y esa chatura aparente es parte del encanto del lugar. La falla se ve desde arriba o en un mapa. Lo que sí notás desde el agua es su efecto: acá hay laguna de verdad, con horizonte y oleaje, y no el laberinto de esteros del otro lado del sistema.
Portal Galarza (Santo Tomé). Mismo fenómeno, menos gente. Galarza se asoma a las lagunas Galarza y Luna, hermanas de la Iberá sobre el mismo borde: las tres son las grandes del sistema, de forma subredondeada y entre 15 y 86 km², y ocupan el sector más profundo de la depresión. Más al sur, sobre la misma banda oriental, el Portal Uguay mira la laguna Fernández a 32 km de Carlos Pellegrini. Si buscás la experiencia "laguna grande y silencio", este borde es tu zona.

Borde norte: los portales de la arena
Portal Cambyretá (Ituzaingó) y Portal San Antonio (Loreto). El extremo norte del Iberá está a apenas unos kilómetros del Paraná actual, y lo que los separa es pura arena: las lomadas donde se apoyan la ruta 12, Ituzaingó y Villa Olivari. Esa arena la dejó el propio Paraná cuando pasaba por acá, y forma cordones dispuestos en abanico que se abren justamente desde Ituzaingó. Manejar hacia Cambyretá es manejar sobre el lecho de un río gigante desaparecido. Las lomadas son también el único terreno alto que nunca se inunda: por eso concentran los pastizales, los montes y buena parte de la fauna terrestre, de los ciervos a los guacamayos rojos reintroducidos que hoy son la postal de Cambyretá.
El flanco oeste: esteros sin borde y embalsados
Portal San Nicolás (San Miguel) y Portal Carambola (Concepción del Yaguareté Corá). Acá no hay pared que contenga el agua, así que el humedal se desparrama en esteros, cañadas y bañados que se funden con el paisaje sin una línea de costa clara. Es el reino de los embalsados, los suelos flotantes hechos de raíces y materia orgánica entretejidas sobre los que crecen pastos, arbustos y hasta árboles.
San Nicolás es uno de los sectores menos visitados del parque y su forma de recorrerlo lo dice todo: canoa a botador, la pértiga empujando contra el fondo, entre lagunas que casi nadie navega. Un dato para dimensionar lo que la canoa está esquivando: los estudios con dataciones de radiocarbono muestran que estos suelos flotantes se desarrollaron en los últimos 3.500 años. Son más jóvenes que las pirámides de Egipto. Salir temprano en Carambola o en San Nicolás, con el baqueano abriendo camino entre camalotes, es la forma más directa de tocar la parte más nueva del Iberá.

El sur: la única salida del agua
Portal Río Corriente (Chavarría) y Portal Capivari. Todo lo que llueve sobre 1,3 millones de hectáreas y no vuelve al cielo por evaporación sale por un solo lugar: el río Corriente, que nace de los esteros y baja hacia el Paraná por el suroeste. Su valle, desproporcionadamente ancho para el caudal que lleva, es otra herencia del río gigante que pasó por acá. Es uno de los dos únicos portales del parque con pesca deportiva habilitada, y el reino de los meandros: desde el aire (o desde la app, en las fotos aéreas del portal) se ve al agua dibujando curvas sobre la última faja que el Paraná ocupó antes de mudarse al norte.
Capivari es el otro portal del extremo sur, sobre lagunas como la Trin y la Medina, y desde ahí salen las travesías lacustres que se internan hacia el norte del sistema (el recorrido y el sentido varían según el operador y el nivel del agua).
Tres pistas para mirar el paisaje con otros ojos
- La arena de las playas. No hubo mar acá: cada playita clara del Iberá es arena fluvial, molida y transportada por el viejo Paraná. La tocás y estás tocando el río desaparecido.
- El agua transparente y quieta. El Iberá se alimenta casi solo de lluvia, entre 1.200 y 1.500 milímetros al año, y la mayor parte vuelve a la atmósfera por evaporación. Sin ríos de montaña que arrastren sedimento, el agua es limpia y lenta: la condición que hace posible las praderas sumergidas y la vida que ves desde la lancha.
- Los bordes. Este definido y con lagunas grandes, oeste difuso y con esteros: si te orientás con eso, nunca más necesitás brújula para saber de qué lado del sistema estás.
La próxima vez que planifiques tu viaje, elegí el portal también por su geología: agua abierta y lagunas grandes al este (Laguna Iberá, Galarza, Uguay), arena, pastizal y fauna terrestre al norte (Cambyretá, San Antonio), embalsados y canoas en el flanco oeste (San Nicolás, Carambola), meandros y pesca al sur (Río Corriente, Capivari). En la app tenés las fichas de los diez portales con sus accesos, su fauna y sus prestadores para armar la combinación que quieras.
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