Un viaje a los orígenes del Iberá. Descubrí cómo el misticismo guaraní-jesuítico y las antiguas tallas de madera milagrosas moldearon la identidad, los mitos y la fe de los pueblos que custodian el humedal.
La increíble historia de Loreto se remonta a 1610, cuando las primeras avanzadas de sacerdotes jesuitas convocaron a pobladores de la etnia guaraní y fundaron la Misión de Loreto en el Guayrá, siendo esa la primera fundación de este pueblo migrante. La comunidad fue buscando distintos asientos provisorios; uno de ellos se estableció en 1686 en el sur de la provincia de Misiones, trayendo la cultura, los hábitos y la religión de Europa y fundiéndolos con los locales.
Estos poblados, llamados Misiones, generaron en conjunto una especie de país propio que compitió con los poderes coloniales de españoles y portugueses, alcanzando gran influencia frente a representantes de reyes, hacendados y comerciantes. Por sus luchas de poder, en 1767 la corona española expulsó a los jesuitas de América y las misiones quedaron a merced de ataques.
Medio siglo después, en 1817, cuando tropas portuguesas arrasaron los pueblos misioneros, un grupo de guaraníes de la misión de Loreto lideró su última migración: caminaron hasta donde hoy es el pueblo de Loreto, su tercera y definitiva refundación. Lo eligieron porque es una "isla" boscosa en medio de los esteros, una loma más elevada entre suelos inundables. Esa isla era conocida como la loma de Yatebú.
Se instalaron allí trayendo costumbres del período jesuita: la religión, los hábitos agrícolas y las formas de vida y organización. Este lugar fue desde entonces reconocido como un sitio de protección y seguridad, carisma que hoy, a más de 410 años de su primera fundación, sigue percibiéndose en la comunidad y en quienes la visitan.
Loreto y San Miguel nacieron como refugio de las familias guaraníes que huían de la destrucción de los pueblos misioneros. Trajeron consigo las magníficas imágenes religiosas talladas a mano en madera nativa, que hoy se preservan celosamente en altares familiares y museos sacros, custodiadas por mitos ancestrales.
El Portal San Antonio (cerca de Loreto) y el Portal San Nicolás (a 27 km de San Miguel) completan la experiencia conectando la historia con la naturaleza viva. Mientras San Antonio ofrece astroturismo bajo cielos certificados y senderismo entre cañadas, San Nicolás invita a revivir la navegación histórica en canoa a botador, deslizándose en silencio absoluto entre camalotes y yacarés.
El circuito cierra su triángulo cultural en Caá Catí, un pueblo tranquilo rodeado de esteros y lagunas. Sus calles y sus antiguas casonas de anchas galerías del siglo XIX regalan postales de otro tiempo.
Día por día
Portal San Antonio
Portal San Nicolás
Destacados
- Museo Sacro de Loreto y circuito de capillas domiciliarias históricas
- Navegación tradicional en canoa a botador en el Portal San Nicolás
- Recorrido por las casonas del siglo XIX en Caá Catí
- Astroturismo con relatos de la cosmovisión guaraní en San Antonio
Consejos prácticos
- Imperdible: Si coincidís con las Fiestas Patronales (como San Miguel Arcángel en septiembre), vas a vivir una celebración de fe popular muy arraigada en la zona.
- Guías de sitio: Para hacer el recorrido de los altares familiares en Loreto o los murales históricos, consultá siempre en las oficinas de informes locales.
- Accesos viales: al Portal San Antonio se llega por asfalto hasta la entrada sobre la RN 118 y después por 16 km de ripio en buen estado, y a San Nicolás por 27 km de arena y tierra, con acceso restringido a vehículos 4x4 (Parques Nacionales).
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