El yacaré es el animal que todo el mundo ve en los Esteros del Iberá. Está en la orilla del camino de acceso, en los embalsados que rodean la laguna, al pie del muelle de cualquier lodge. Lo que casi nadie sabe, hasta que un guía lo señala, es que son dos especies distintas: el yacaré negro (Caiman yacare) y el yacaré overo (Caiman latirostris). Conviven en los mismos esteros, comparten orillas y se confunden a la distancia, pero con un par de claves se aprende a separarlos desde la lancha.
Esta guía cuenta cómo distinguirlos, qué hacen durante el día, cómo crían, en qué estado de conservación están y en qué portales de la app aparecen. Las fichas completas están en la ficha del yacaré negro y la ficha del yacaré overo, dentro del catálogo de fauna del Iberá.
Dos especies, un mismo estero
Las dos pertenecen al género Caiman, los caimanes sudamericanos, y las dos fueron descritas por el naturalista François Marie Daudin en 1802. En la Argentina se distribuyen por el litoral y el norte: la categorización nacional de 2012 ubica al yacaré negro en Formosa, Chaco, Corrientes, Misiones, Salta y Entre Ríos, y al overo en esas mismas provincias y además en Santa Fe, Santiago del Estero y Jujuy. Corrientes, y en particular el Iberá, es uno de los lugares donde un viajero puede ver a las dos en la misma tarde.

Cómo distinguirlos a simple vista
El hocico. Es la clave más confiable. El yacaré negro tiene la cabeza alargada, con un perfil triangular visto desde arriba y el hocico más angosto. El overo, en cambio, lleva un hocico corto, grueso y robusto, tan ancho como largo, con las narinas bien arriba: en proporción, es el hocico más ancho de todos los cocodrilos. Por eso al overo también lo llaman yacaré ñato o caimán de hocico ancho. Ese hocico no es un adorno: le sirve para triturar caracoles grandes, uno de sus alimentos preferidos.
Las manchas de la mandíbula. El yacaré negro tiene una serie de manchas laterales muy oscuras y espaciadas de forma regular sobre la mandíbula inferior, como si alguien le hubiera pintado los dientes por fuera. Con binoculares, o desde una lancha que se acerca despacio, se ven sin dificultad.
El color. El adulto del overo es de un pardo intenso con matices oliváceos o verdosos, y el cuerpo lleva un moteado que le da el nombre: overo quiere decir manchado. Los juveniles muestran un diseño rayado mucho más vivo. El yacaré negro es más oscuro, de un marrón con manchas negras repartidas por el cuerpo, y las más llamativas son las de la mandíbula.
El tamaño. Los dos son yacarés de porte mediano. El negro ronda los 2,50 metros en los machos grandes, y algunos llegan a 3, con la cola ocupando la mitad del largo. El overo puede llegar excepcionalmente a los 3 metros según el Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales, pero en la naturaleza hoy son raros los que pasan de 2. En la práctica, lo que llama la atención en el overo no es el largo sino el cuerpo robusto y la cabeza particularmente pesada.
Dónde se paran. El yacaré negro suele asolearse en grupos, a veces de decenas, en orillas y playas abiertas. El overo prefiere aguas quietas y muy vegetadas, se asolea sobre la vegetación flotante y suele quedarse quieto entre los camalotes mostrando poco más que los ojos. Igual, en el Iberá es común encontrar a los dos en la misma laguna. Si en un canal angosto con mucha vegetación flotante asoma un hocico ancho, casi seguro es un overo.
Qué hacen durante el día
Los yacarés son ectotermos: no generan calor propio y regulan su temperatura con el ambiente. De ahí las largas horas de asoleo en la orilla, a veces con la boca abierta, y las zambullidas cuando el sol aprieta demasiado. Esa es la escena típica del Iberá al mediodía y la que hace que parezcan mansos. La actividad de caza es sobre todo nocturna. El yacaré negro come sobre todo peces, caracoles y crustáceos; el overo, caracoles grandes que muele con el hocico, además de camarones, peces, aves y mamíferos pequeños.
Nidos y crías
Las dos especies construyen nidos parecidos: montículos de restos vegetales y detritos orgánicos que, al descomponerse, generan el calor que incuba los huevos. La hembra del yacaré negro suele poner entre 22 y 35 huevos por nidada; la del overo, entre 18 y 50, según la UICN y su Grupo de Especialistas en Cocodrilos. En las dos, la hembra suele quedarse cerca y custodiar el montículo. Y en las dos, como en otros cocodrilianos, la temperatura de incubación define el sexo de las crías.
Por eso un montículo de vegetación en una orilla, en pleno verano, no es un lugar para acercarse ni para bajar de la embarcación: puede ser un nido con una hembra cerca. Los guías habilitados de los portales saben dónde no meterse, y ese conocimiento es parte de lo que se paga.
Estado de conservación
Hoy ninguna de las dos especies está amenazada en la Argentina. La categorización nacional de anfibios y reptiles de 2012, que recoge el SIB de Parques Nacionales, las clasifica como No Amenazadas, y la Lista Roja de la UICN las ubica en Preocupación Menor. No fue siempre así: en la lista argentina de 2004 las dos figuraban como Vulnerables, y en las décadas anteriores la caza por el cuero las había diezmado. La recuperación se explica por las prohibiciones de caza y de comercio, por los programas de manejo y por humedales protegidos como el Iberá, donde hoy es difícil recorrer una orilla sin verlos.
Para el viajero eso significa algo concreto: el yacaré es el animal más fácil de ver del Iberá, y está en los esteros todo el año.
En qué portales y en qué salidas se ven
La app registra al yacaré negro en ocho portales: Laguna Iberá, Galarza, Uguay, Cambyretá, San Antonio, San Nicolás, Carambola y Mburucuyá. El overo aparece en todos ellos menos en San Nicolás, así que en siete vale la pena pedirle al guía que señale cuál es cuál. Por convención de esta guía, el lugar de un avistaje es siempre el portal, nunca un punto exacto del estero: los animales se mueven y los nidos se protegen.
En cuanto a las salidas, el safari náutico en lancha es la forma más habitual de verlos de cerca, con el animal quieto en el embalsado a pocos metros de la borda, y tiene su propia guía del safari náutico. La canoa a botador, sin motor y a la altura del agua, permite acercarse en silencio a los canales con camalotes donde se esconde el overo. Y las salidas nocturnas que ofrecen algunos prestadores, caminatas o safaris en vehículo según lo que permita el parque en cada fecha, muestran la otra cara del estero, cuando los yacarés dejan el asoleo y se activan. No es casualidad que el yacaré negro abra la lista de los cinco grandes del Iberá: es el más fácil de ver de los cinco y el que suele dar la primera buena foto del viaje.
Seguridad y distancia
Los yacarés del Iberá están acostumbrados a las embarcaciones y rara vez molestan a quien mantiene distancia. Cuatro reglas alcanzan:
- Nunca alimentarlos. Un yacaré que asocia personas con comida deja de ser un animal silvestre y termina siendo un problema para todos.
- No acercarse a los nidos ni a las crías. Una hembra que custodia el montículo defiende lo suyo.
- En la orilla, mantener la distancia que el guía indique y no meterse al agua en lugares que no estén habilitados para eso.
- Nada de selfies pegados al animal. La foto buena se saca con el zoom o desde la lancha, no con el brazo estirado.
Con eso alcanza para que el encuentro sea lo que tiene que ser: dos especies distintas, a metros de la embarcación, y un viajero que ya sabe mirarles el hocico.
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