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La lista de los Big Five africanos no la escribieron los biólogos: la escribieron los cazadores. León, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo cafre no entraron por tamaño ni por belleza, sino porque eran los cinco animales más difíciles y peligrosos de cazar a pie a fines del siglo XIX. Recién mucho después el turismo dio vuelta el significado y los convirtió en la checklist más famosa del safari.

El Iberá también tiene sus cinco grandes, y la historia de su lista corre en la dirección contraria: no son los que costaba matar, son los que costó traer de vuelta. Dos de los cinco estaban extinguidos en la región y volvieron por un programa de reintroducción. Un tercero aguantó décadas de caza comercial por el precio de su cuero, en los mismos pueblos donde hoy trabaja de atracción. Verlos ahora, desde una lancha o desde el lomo de un caballo, es mirar el resultado de una decisión bastante reciente.

Acá va la lista, ordenada por lo único que importa cuando estás planificando el viaje: la probabilidad real de cruzártelos.

1. Yacaré negro: el que vas a ver sí o sí

El yacaré negro (Caiman yacare) es el reptil más visto del humedal y el arranque más fácil de la lista. Es ectotermo, así que necesita el sol para funcionar: pasa horas quieto en orillas y embalsados, a veces decenas de individuos juntos, y caza de noche peces y caracoles. Esa rutina es la que te lo pone a metros de la lancha.

Se lo reconoce por el hocico angosto y las manchas oscuras a los costados de la mandíbula. Si el que estás mirando tiene el hocico ancho y el cuerpo más robusto, es su primo: el yacaré overo (Caiman latirostris), que usa esa mandíbula como cascanueces para triturar caracoles grandes. En el Iberá conviven los dos en los mismos esteros, así que la lista puede empezar con un dos por uno.

El dato que se lleva la noche en la sobremesa: los nidos son montículos de vegetación en descomposición, y el calor de esa fermentación incuba los huevos. La temperatura de incubación es la que define el sexo de las crías.

Lo que casi nadie cuenta en la lancha es la otra mitad de la historia. Durante décadas la caza comercial por el cuero fue moneda corriente en la zona, incluida Colonia Carlos Pellegrini, y recién con la creación de la Reserva Natural del Iberá en 1983 empezó el cambio de rumbo. Varios de aquellos cazadores terminaron siendo guardaparques y guías, y los yacarés que hoy se dejan fotografiar a tres metros son la consecuencia directa de eso.

Dónde: todo el año, en cualquier portal. Su ficha lo asocia a Laguna Iberá, Galarza, Uguay, Cambyretá y San Antonio.

2. Ciervo de los pantanos: el gigante que camina sobre el agua

El ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus) es el venado más grande de América del Sur, con machos de hasta 150 kilos y astas ramificadas que pueden medir 60 centímetros. Su rasgo raro está abajo: tiene membranas entre las pezuñas, algo único entre los cérvidos, y eso le permite moverse por terreno inundado donde ningún otro ciervo entra. Verlo cruzar un bañado con el agua a la altura de la rodilla, sin apuro, es la escena que mejor explica al Iberá entero.

Está categorizado como Vulnerable en Argentina, y el Iberá protege una de las poblaciones más grandes del país. No hizo falta reintroducirlo: acá nunca se fue.

Dónde: al amanecer, en los bordes del humedal. Los portales de su ficha son Uguay, San Nicolás, Laguna Iberá, Galarza y San Antonio.

3. Oso hormiguero gigante: el que come sin dientes

Oso hormiguero gigante cruzando un camino de tierra colorada en el Iberá
El oso hormiguero gigante: come sin un solo diente y volvió al Iberá después de haber desaparecido de la región.

El oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla) come hasta 35.000 hormigas por día y no tiene un solo diente. Sus garras delanteras abren termiteros tan duros como el cemento, camina hasta 10 kilómetros diarios buscando colonias y descansa en depresiones que cava él mismo en la vegetación densa. Si la hembra lleva cría, la carga en la espalda durante el primer año, con un pelaje que copia tan bien el dibujo del lomo materno que a la distancia parecen un solo animal.

Es el primero de los dos regresados de la lista: estuvo extinguido en la región y volvió al Iberá gracias al programa de reintroducción de Rewilding Argentina.

Dónde: de mañana y de tarde, en los pastizales. Según su ficha, Capivari es el portal con más probabilidad de avistaje del parque, y también figura en Laguna Iberá, Carambola y San Nicolás.

4. Aguará guazú: el que se escucha antes de verse

Aguará guazú caminando por un camino de tierra entre pastizales del Iberá
El aguará guazú: ni lobo ni zorro, el único miembro vivo de su género en el mundo.

El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus) es el cánido más grande de Sudamérica y no es ni lobo ni zorro: es el único miembro vivo de su género. Las patas larguísimas no son para correr sino para ver, como un periscopio, por encima del pastizal alto. Come frutas, insectos y animales chicos, y tiene un ladrido profundo que se escucha a kilómetros. También un olor fuerte, parecido al del zorrino, que suele avisar que anduvo cerca antes de que aparezca.

Es Vulnerable a nivel nacional en Argentina y Casi Amenazado a nivel global. Es solitario, territorial y sobre todo nocturno, así que entra en la categoría de "premio de madrugada".

Dónde: amanecer y atardecer, en pastizales y bordes de monte. Su ficha lo asocia a Carambola, Mburucuyá, San Antonio y San Nicolás.

5. Yaguareté: la lotería

Yaguareté joven caminando sobre una pasarela de madera en el Iberá
El yaguareté: el premio mayor de la lista y el único que nadie te puede garantizar.

El yaguareté (Panthera onca) es el felino más grande de América y está En Peligro Crítico en Argentina. Estuvo regionalmente extinto en Corrientes durante décadas y volvió al Iberá por el programa de reintroducción de Rewilding Argentina, con centro en la isla San Alonso. Es solitario, crepuscular, nada con soltura entre los esteros y patrulla territorios enormes. Caza carpinchos, yacarés y ciervos, es decir, dos de los otros cuatro de esta lista están en su menú.

Acá conviene ser honestos: son pocos individuos sobre un territorio inmenso y el avistaje no está garantizado por nadie. El éxito del proyecto se mide justamente en que el animal volvió a ser salvaje, no en que sea fácil de ver. Lo que sí podés hacer es estar en el territorio correcto, en el horario correcto y con guías que siguen los registros recientes. El detalle completo está en la nota sobre dónde y cuándo ver el yaguareté.

Dónde: amanecer y atardecer, en Carambola, Laguna Iberá y San Nicolás.

Los que discuten el quinto puesto

Toda lista de cinco es una injusticia con el sexto. Estos cuatro tienen argumentos de sobra:

Y si querés armar tu propia lista de cinco, empezá por la guía completa de fauna del Iberá y seguí por las fichas del catálogo en la app, que traen dónde y cuándo se ve cada especie.

Cómo armar tu safari de los cinco grandes

Cuatro de los cinco se buscan en las puntas del día: temprano a la mañana y sobre el atardecer. Esa es la primera regla, y la que más gente subestima. El plan de "salgo a las once y veo todo" no existe.

La segunda es que no todos se ven desde el agua. El yacaré es de lancha; el ciervo aparece en los bordes del humedal; el oso hormiguero y el aguará guazú son de pastizal y borde de monte. Si tu viaje entero es un paseo náutico, ya empezaste con dos casilleros bloqueados. Combinar el safari náutico con una caminata, una cabalgata o una salida nocturna es lo que abre la lista completa.

La tercera es que la lista se completa entre varios portales, no en uno solo. Muy a grandes rasgos: Uguay, San Nicolás y Laguna Iberá para el ciervo, Capivari para el oso hormiguero, Carambola y Mburucuyá para el aguará guazú, y Carambola, Laguna Iberá o San Nicolás para tentar al yaguareté. En la app tenés la fauna portal por portal para cruzarlo con tus fechas y tu recorrido.

La cuarta es la época. No hay un mes "de los cinco grandes", pero la temporada seca concentra la fauna alrededor del agua y mejora las condiciones de observación en general: eso está desarrollado en la nota sobre cuándo visitar el Iberá.

Y la quinta es la más simple: ninguna de las cinco depende de vos, dependen del guía. Los que trabajan la zona todos los días saben qué se vio esta semana y dónde. En la app están los guías de sitio y las excursiones de cada portal, con contacto directo.

Por qué esta lista importa

El Big Five africano nació como un ranking de trofeos y se convirtió, con el tiempo, en una herramienta de conservación: hoy esos cinco animales sostienen buena parte del turismo que financia los parques donde viven.

Los cinco grandes del Iberá arrancan en el otro extremo. Dos de ellos ya no estaban y alguien decidió traerlos de vuelta, uno sobrevivió a la industria del cuero, y los otros dos aguantaron en el único lugar donde todavía tenían lugar. Tacharlos de la lista no es coleccionar trofeos: es confirmar, con los propios ojos, que un humedal al que le habían sacado casi todo puede volver a estar completo.

En la app tenés las fichas de las cinco especies, los portales donde buscarlas y los prestadores que te llevan. La lista la completás vos.

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Gratis, sin descarga y sin registro: la app que reúne los 10 portales y más de 400 prestadores locales.

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